En diciembre, la energía cambia. Las agendas se llenan, los compromisos aumentan, los ciclos cierran y el cuerpo —y la piel— lo sienten. No es casualidad si notás que tu piel se ve diferente durante esta época: el estrés de fin de año se refleja directamente en tu rostro.
¿Cómo afecta el estrés a la piel?
Cuando vivimos momentos de alta exigencia emocional, el cuerpo libera más cortisol, la hormona del estrés. Esta sustancia es útil en dosis pequeñas —nos mantiene alerta— pero cuando se mantiene elevada por períodos prolongados, empieza a impactar negativamente en la piel.
Cambios que puede provocar el estrés:
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Aumento de la oleosidad y aparición de granitos o brotes
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Inflamación cutánea que se manifiesta como enrojecimiento o sensación de ardor
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Opacidad: la piel pierde luminosidad y vitalidad
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Deshidratación: el cortisol desequilibra la barrera cutánea
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Aparición de líneas marcadas por tensión facial y falta de descanso
Incluso si estás usando los mismos productos que siempre, tu piel puede volverse más reactiva. Esto no habla mal de tu rutina, sino de cuánto te está exigiendo esta etapa.
¿Qué podés hacer para acompañar tu piel en esta etapa?
No se trata de sumar pasos, sino de elegir con más conciencia. En vez de «hacer más», es mejor hacer menos, pero mejor. Tu piel necesita equilibrio, no exigencia.
1. Cuidá tu piel con productos que la calman
Recomendaciones de TICA para una rutina de calma:
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Bruma Descongestiva: calma la piel reactiva, refresca y ayuda a reducir la inflamación. Ideal para usar varias veces al día, incluso sobre el maquillaje.
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Sérum Iluminador: con vitamina C y antioxidantes que devuelven la luminosidad, combaten el tono apagado y protegen la piel frente al estrés oxidativo.
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Sérum Antiage: ayuda a restaurar la barrera cutánea, hidratando en profundidad. Ideal para pieles que necesitan recomposición y descanso.
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Leche de Limpieza: retira las impurezas sin irritar, respetando los lípidos naturales de la piel.
2. Hacé pausas conscientes
La piel también se estresa cuando el cuerpo está en alerta constante. Pequeñas pausas pueden hacer una gran diferencia:
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Respirá profundo 5 veces antes de dormir.
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Hacé un ritual nocturno breve con tu bruma o sérum, como gesto de autocuidado.
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Tomá agua, aunque no tengas sed: la hidratación mejora la función barrera.
3. Dormí (aunque no sea mucho, que sea bueno)
Durante el sueño profundo, el cuerpo repara tejidos y baja los niveles de cortisol. Si no podés dormir más horas, enfocáte en mejorar la calidad del descanso: ambiente oscuro, sin pantallas, sin comer justo antes de dormir.
4. Escuchá lo que tu piel te está diciendo
Una piel más grasa, más seca, más roja o con más brotes no siempre es un signo de «error cosmético». A veces es una expresión del cuerpo pidiendo que frenes. La piel es una interfaz emocional: no necesita que la castigues, sino que la acompañes.
¿Y si solo tenés 2 minutos?
Si estás muy sobrecargada, hacé esto:
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Rocía la Bruma Descongestiva en todo el rostro.
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Aplicá 4 gotas del Sérum Iluminador con respiración lenta.
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Cerrá los ojos y apoyá las manos tibias sobre el rostro durante 20 segundos.
Es un mini ritual que baja el ritmo interno y le da un mensaje de calma al cuerpo.
Conclusión
Durante las fiestas no solo brindamos. También sostenemos, organizamos, contenemos y cerramos. La piel muchas veces refleja ese esfuerzo silencioso. Este diciembre, cuidarla no es una obligación más. Es una forma de acompañarte con amor.
Con cariño,
Celes y el equipo de TICA Sustentable ♡
Referencias bibliográficas:
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Slominski A. et al. (2013). «Neuroendocrine activity of the skin.» Journal of Investigative Dermatology, 133(4), 835-845.
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American Psychological Association (APA). “Stress and your skin.”
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Arck, P., Slominski, A., Theoharides, T.C., Peters, E.M., Paus, R. (2006). “Neuroimmunology of stress: skin takes center stage.” Journal of Investigative Dermatology, 126(8), 1697–1704.
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Harvard Health Publishing. “How stress affects your body.”



